domingo, 4 de julio de 2010

Afán de control... y otros estragos


"Para utilizar un ordenador no tiene necesidad de entenderlo; para utilizar la electricidad no necesita entenderla y para conducir un automóvil no necesita comprender qué es lo que hace funcionar su motor. De un modo similar, no es necesario comprender la vida para vivirla a fondo. Cuando sea consciente de ello y se limite a disfrutar la vida por lo que es, verá que no necesita comprenderla". (La cosa N° 1, Ernie Zelinski. 101 cosas que ya sabes pero que siempre olvidas)

Ya dije en el post de los monstritos internos que uno de los míos es el control. Ahora voy a entrar en confidencias: tengo un pésimo manejo de la incertidumbre. No soy buena para improvisar, a menos que sea para resolver asuntos de trabajo. Del resto me llevo mejor con listas, planificaciones y hojas de excel.

Todo esto, por supuesto, me ha llevado en ocasiones a pasar por momentos muy duros porque es simplemente imposible tener el control de todo. Mucho menos cuando en decisiones y acciones están involucradas otras personas que también imprimen su propia energía al proceso.

En lo particular, siento que en los últimos años he mejorado mucho en esto. Sobre todo en lo relacionado con los asuntos de trabajo. Soy muy exigente conmigo misma y suelo trasladar esa filosofía a quienes comparten proyectos laborales conmigo... no siempre con éxito.

En las últimas semanas una vorágine me puso en la circunstancia de trabajar con muchas personas. De diferentes nacionalidades, profesiones... una compleja madeja de formas de ser y pensar que a veces amenazaba con tormentas.

Lo confieso, estuve a punto de perder la calma en varias ocasiones. La serenidad seguro que sufrió lo suyo, pero pude constatar que he crecido. Sigo siendo exigente, eso no cambiará, pero en pleno apogeo y movidas varias, sentí genuinamente en el fondo de mi cuerpo y de mi alma cómo
FLUIR es ahora algo consustanciado conmigo misma. Y por eso estoy más que agradecida.

Todavía me queda tarea pendiente. En lo personal no me es tan fácil. Exponer los sentimientos y compartirlos con otras personas es una forma de hacerse vulnerable. Cuando sentimos algo (cariño, afecto, amor, consideración) por otra persona, es más fácil bajar la guardia. Y a veces la falta de reciprocidad en el proceso es motivo de ansiedad y dolor. También lo es el afán de controlarlo todo.

Estoy viviendo actualmente una etapa maravillosa. En un país en el que me he adaptado perfectamente, con un trabajo que me gusta, respeto y en el que me siento motivada; gente maravillosa, nueva y de siempre con la que compartir en armonía momentos hermosos; y la posibilidad de construir nuevas cosas sobre la base del amor, la comprensión y la tolerancia.

Cada día aprendo un poco y voy asumiendo progresivamente como parte de mi sistema vital que, aunque si que es fundamental el orden en la vida (y en esto no negocio) no es necesario controlarlo todo para ser feliz. En eso estoy. Y se siente muy bien... Un día a la vez.

"Si te enteras de lo que sabe el mago... deja de ser magia"
Illusions. Richard Bach (Oak Park, Illinois, 23Jun1936)