martes, 22 de junio de 2010

Mis momentos felices


"Acepte el hecho de que si ha estado buscando la felicidad y ha acabado con las manos vacías, es que ha estado buscando en lugares equivocados. Preste más atención... a la felicidad no le importa nada cómo ha llegado usted a ella. Ni siquiera le importa si ha llegado. Sea usted blanco o negro, hombre o mujer, analfabeto o muy educado, soltero o casado, alto o bajo, rico o pobre, la felicidad le deja encargado de llegar a ella... o no". (La cosa N° 4, Ernie Zelinski. 101 cosas que ya sabes pero que siempre olvidas)

Por diversas razones y circunstancias he estado en estos días reflexionando mucho acerca de lo que llamo "momentos felices". Ya he comentado en otro post que para mí la felicidad, así... en términos absolutos... totales... holísticos... sencillamente NO EXISTE. Para mí el fundamento y la esencia de nuestro tránsito vital son los momentos felices. Instantes, detalles... esas -tan mencionadas- "cosas pequeñas" que en muchas ocasiones obviamos o damos por seguras, que tal vez no valoramos... Esas que, sencillamente, no nos permitimos disfrutar.

Parto de la premisa de que la vida conlleva, de manera intrínseca, grandes dosis de esfuerzo, dolor, sufrimiento... en casos más, en otros menos... pero, en resumen, la vida puede llegar a ser muy dura. En algunos casos ese dolor es autoinfligido (malas decisiones sobre situaciones o personas) pero en muchos otros es sobrevenido. Sea cual sea su origen, el dolor está consustanciado con la vida.

¿Entonces qué queda? Nos queda el libre albredío y de éste deriva la responsabilidad, el compromiso, EL DEBER de procurarnos "momentos felices", de identificar, aprovechar, buscar y defender aquellos espacios o relaciones que realmente aportan a nuestra vida ese halo de serenidad y satisfacción por estar AQUÍ Y AHORA.

No se trata de esa euforia desmedida, espasmódica y descontrolada que algunos confunden con "FELICIDAD" (así... en mayúsculas, y que en lo personal considero síntoma de algún desequilibrio emocional). Se trata de aprender a fluir en el camino y aprovechar cada instante que tenemos para agradecer las experiencias, el aprendizaje y, sobre todo, el Amor. Más allá de eso... poco... o nada. Más allá de eso, para mí, fantasía, inestabilidad y dependencia. ¿De qué? De cosas/personas que no podemos tener... de lo que no podemos controlar.... De películas mal montadas en nuestras cabezas y que nos llevan, sin remedio, a una montaña rusa que va normalmente de esa euforia desmedida a la frustración por no tenerla más.

Sé que no estoy descubriendo el agua tibia, que no digo nada nuevo. Sale en los libros. Se hacen películas. Pero es que hechos concretos recientes me han llevado a pensar con mucha intensidad cómo algunas personas (yo no, yo me dejé de eso) pierden tanto tiempo quejándose, castigándose, buscándose problemas o dejándose vencer por el miedo, viviendo temerosas y paralizadas.

Lo momentos felices pasan por la firme decisión de asumir el compromiso de aprender a SENTIR aquello que sólo se alimenta en el alma... Aprender a disfrutar "más allá de lo obvio"... y perseguir esa emoción sublime con ferocidad.

De verdad me sorprende cómo algunas personas a mi alrededor lejos de hacerse cómplices y responsables de sus propios momentos felices se empeñan en apostar por el autocastigo, la ansiedad y los placeres efímeros.... Sencillamente no lo entiendo.

"Ella dice que la gente acaba por lo general sintiéndose desgraciada, nada más que por haber creído que la felicidad era una permanente sensación de indefinible bienestar, de gozoso éxtasis, de festival perpetuo. No, dice ella, la felicidad es bastante menos (o quizás bastante más, pero de todos modos otra cosa) y es seguro que muchos de esos presuntos desgraciados son en realidad felices, pero no se dan cuenta, no lo admiten, porque ellos creen que están muy lejos del máximo bienestar".
La Tregua. Mario Benedetti (
Uruguay, 14Sept1920 – 17May2009)

sábado, 12 de junio de 2010

Acerca de procrastinar... (y esas cuentas pendientes)


"Quedarse sentado contemplando cómo gira el mundo no es modo de alcanzar la satisfacción. En realidad, es una manera extremadamente eficaz de conseguir la insatisfacción".
(La cosa N° 10, Ernie Zelinski. 101 cosas que ya sabes pero que siempre olvidas)


Procrastinar // (Del lat. procrastinare). 1. tr. Diferir, aplazar

La procrastinación es la acción de procrastinar, es decir, de postergar actividades o situaciones consideradas hostiles por situaciones más agradables. Este término proviene del latín pro- (adelante) y crastinus (relacionado con el mañana).

La procrastinación tiene su raíz en la asociación de la acción a realizar con el dolor y la incomodidad (estrés). Éste puede ser físico (como el sentido durante actos que requieren trabajo fuerte o ejercicio vigoroso) o psicológico (en la forma de ansiedad o frustración). El acto que se procrastina puede ser percibido como peligroso, abrumador, difícil, tedioso o aburrido, es decir, estresante. La procrastinación también puede ser un síntoma de algún desorden psicológico, como depresión o TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad).

Se ha demostrado que la costumbre de procrastinar puede llevar a una dependencia de Internet o de las computadoras. En estos casos, el individuo tiene la compulsión de aislarse de la realidad navegando por Internet.

Un famoso refrán que combate la procrastinación es el de "no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy". En el mundo anglosajón se dice que "la procrastinación es el ladrón del tiempo". También podría decirse que la procrastinación es el ladrón del deseo.


Si, como yo, recién estás descubriendo esta palabra, seguramente la acción en si misma puede resultar bastante familiar (benditos los afortunados a quienes no). La verdad es que hay tantos y tantos asuntos susceptibles de ese proceso: una tesis de grado, aquel libro se quiere escribir o leer, comenzar a hacer ejercicio o dieta, hacer la compra (ir al super) un sábado en la mañana, "esa" conversación/decisión, dejar un trabajo que no soportas (o comenzar a buscar uno "seriamente") etc...

Desde lo más pequeño hasta lo más grande se puede procrastinar. Y mientras más compleja e importante para nuestro futuro es la tarea, más tendemos a procrastinarla. Por temor, inseguridad o, simplemente, porque nos resulta complicado abordarla y en lo inmediato resulta mejor apartarla de la vista y del pensamiento... claro, si se puede.

En lo personal, hoy en día ya no pienso tanto en lo que pude haber procrastinado en mi vida. Simplemente intento no hacerlo más, a menos a conciencia. Y, aunque con el pasado ya nada se puede hacer, sin pasiones ni angustias, me permito hacer una evaluación retrospectiva para asumir mi responsabilidad en cada hecho y aceptar que SIEMPRE hay algo que puede llevarnos a decir: "pero si estaba clarísimo", "debí haberlo hecho" o, peor aún, preguntarnos: "¿Por qué no lo hice?"

Y es aquí donde viene mi reflexión: lo que aplazamos, normalmente se nos devuelve, agobia, "aparece de noche". Es como esa factura que no hemos pagado con la cual soñamos... que nos persigue, ataca y devora en la noche danzando con nuestro monstrico interno correspondiente, saliendo de nuestras propias entrañas para hacer fiesta de nervios y tormentos.

Todos hemos procrastinado algo alguna vez. La tentación es muy grande: es demasiada comodidad. Sí, al principio... pero luego se convierte en una tortura, dependiendo de la magnitud de la tarea. Mientras más importante es, más la postergamos. .. Mientras más la postergamos, más crece. .. Y, entonces, es un círculo vicioso mortal para nuestra tranquilidad.

No procrastinar es cuestión de proponérselo, pero eso sí, con fiereza, determinación y fuerza. Que tampoco es tarea fácil, eso está claro. Sólo cada uno sabe cuántas facturas le salen de noche, sólo cada uno siente el dolor de sus propios sueños no cumplidos, sólo cada uno busca y rebusca en su interior razones para justificar el propio letargo.

¿Fácil? No, para nada... ¿pero quién dijo que lo importante es fácil? ¿Es fácil intentar ser feliz? Para nada... pero si uno además se complica más procrastinando, entonces el autosaboteo se magnifica a niveles inimaginables. Es de humanos procrastinar, y si uno es venezolano (como yo), ya es algo cultural, pero con quien uno vive 24 x 7 es con uno mismo y las consecuencias de retrasar decisiones siempre regresan a nosotros y, frecuentemente, de la peor manera. ¿Riesgos? Muchos... pero hay que medirlos y ver si vale la pena asumirlos. Vivir es una tarea ardua, postergar es fácil... Tomar decisiones y actuar es lo difícil.

Como dijo uno por ahí: "la vida es dura.... sí... ¿pero comparada con qué?"

(Original escrito en julio de 2007)

viernes, 4 de junio de 2010

La Teoría del Objetivo Superior

"El propósito de tu vida debe ser una vocación que te salga del alma; ha de ser tu esencia y razón de ser. Tu misión personal es el motivo por el cual has venido a este mundo". (La cosa N° 25, Ernie Zelinski. 101 cosas que ya sabes pero que siempre olvidas)

Esta es la más reciente (no sé si la última) de las tres "teorías" que constituyen eje y guía de mi tránsito. Ya he hablado del "Morral" y "los Monstricos Internos"... En esta ocasión quiero compartir la Teoría del Objetivo Superior (OS).

Esta teoría nace de la necesidad de atender y superar una sensación de vacío existencial que se potenció en mi hace varios años. Una especie de "vocecita" (más bien un no-sé-qué) que me hacía preguntas del tipo: "¿y para qué estoy yo aquí?" (¿dónde? En la vida, ni más ni menos)

Entiendo que es una interrogante compleja, que a algunos consume, aunque otros banalizan y unos cuantos tal vez ni se hacen... Pero bueno ¿qué decir? A mi me tocó.

A partir de ese momento comencé a entender que tenía que lograr que mis acciones trascendieran lo cotidiano. Necesitaba marcarme algún horizonte concreto, superior y así evitar que la vida se tradujera en una simple transacción, en una fase "intermedia" entre mi nacimiento y la llegada de lo que algunas concepciones religiosas llaman "el paraíso". Me negaba a esperar sentada que se cumpliera aquello de que "lo mejor está en el más allá". ¿Y eso dónde queda? Y mientras tanto... ¿QUÉ?

Justamente porque concibo la vida como un tránsito, tengo la convicción de que tenemos un compromiso (con nosotros mismos) de hacer de ese tránsito lo más pleno y grato posible además de darle algún sentido, alguna dirección.

Es allí donde surge el Objetivo Superior.

A mi entender el trayecto hasta el OS puede ser (de hecho, ES) distinto para cada persona, sin embargo, hay un elemento común para todos. Es el "QUÉ Supremo", aquello que nos llena de energía nada más de pensarlo, "eso" que llena nuestros sueños, produce sonrisas sentidas y emoción "desde el alma" cuando se menciona o mientras se trabaja para lograrlo. Es aquello que, en resumen, tiene el potencial de proporcionarnos una mayor cantidad y calidad de "MOMENTOS FELICES".

Acoto que hablo de "momentos felices" y no de "Felicidad" porque ésta, así, en sentido holístico y absoluto, a mi juicio no existe. La vida no es un camino fácil y plantea a todos –a algunos más y a otros menos- procesos duros, obstáculos, tristezas y dolor. Pero, es lo que hay. Una dosis “adecuada” de dolor y sufrimiento son parte intrínseca de la existencia humana, ayuda a forjar carácter y jerarquizar decisiones, siempre que sea asumido de una forma saludable. Esto es otro tema.

El Objetivo Superior es, para mi: SER FELIZ Y ESTAR TRANQUILA. Y todos aquellos "qués" (y quiénes) que contribuyan y aporten a eso serán bienvenidos, de lo contrario, descartados sin misericordia, siempre partiendo de la premisa que Ser Feliz y Estar Tranquila, pasa necesariamente por ser buena persona y no hacer daño a otros de manera consciente.

En ocasiones hay actividades, tareas o personas, que "debemos" hacer o tener cerca (por motivos familiares, laborales, por ejemplo). Con eso hay que gestionar. Sin embargo, aquellas actividades, tareas o personas que no son obligantes y además atentan contra el OS ¿qué sentido tiene mantenerlas?

Para tomar decisiones y seguir livianos en nuestro tránsito, vale la pena preguntarse algunas veces: ¿qué tanto aporta esto (la actividad, tarea o persona) a mi OS? Y tal vez pueda haber mayor claridad en la decisión.

Se trata, una vez más, de ponerse práctico. Ya de por sí la vida implica una constante toma de decisiones y a veces no precisamente fáciles; entonces, si además carecemos de un "horizonte" más o menos definido, se corre el riesgo de andar dando tumbos interminables y con ello hacer uno mismo que nuestro camino se haga más irregular, doloroso y difícil de lo que ya es por naturaleza. En pocas palabras: hacermos infelices a pulso propio.

El compromiso es identificar los "qué" que nos pueden conducir al OS. Eso no siempre es fácil. Puede implicar cambiar de trabajo, estudiar una nueva carrera, abandonar una relación problemática, salir de nuestro país o dejar de lado a esa "amiga de toda la vida" que lo único que hace es cuestionarnos y angustiarnos. También puede pasar por la necesidad de tener más paciencia con el jefe (porque nuestro salario en ESE trabajo nos ayuda "en tiempo presente" en el tránsito a nuestro OS) o postergar algún viaje que luce irresistible porque coincide con las fechas de una formación en "equis" cosa que suma a nuestro OS.

Se trata de HACERLO, con una perspectiva amplia, elevada, superior y dejando de lado el "cortoplacismo" y el facilismo. Insisto, se requiere valentía y decisión. Se trata de pisar tierra y sincerarse con uno mismo.

Por si puede resultar útil, comparto lo que en mi propio tránsito, y en la identificación de mi OS, ha sido especialmente relevante. En concreto: un momento, una acción y una actitud.

El momento, julio 2007 cuando dejé el último trabajo en Venezuela y decidí que debía salir un tiempo de mi país.

La acción: hacer en ese mismo momento (con papel y lápiz) un cuadro de tres columnas: 1) Cosas que me gusta hacer sin que me paguen 2) Cosas que me gusta hacer y por las cuales me podrían pagar y 3) Cosas que no me gusta hacer ni que me paguen. Con el cruce de las dos primeras columnas, decidí cambiar mi rumbo profesional.

La actitud: a partir de allí, firmeza, coherencia y compromiso con mi QUÉ. Siempre recuerdo aquel "cuadro" y cómo esa reflexión -pragmática y emotiva a la vez- me ha llevado al punto donde estoy ahora. Cuando siento que desvío mi camino, fijo mi pensamiento en aquellos párrafos y retomo la ruta. Ha sido un proceso de aprendizaje, flexibilidad y tolerancia. He entendido, y asumido, que no puedo controlarlo todo y que tener una perspectiva de lo que puede hacerme feliz y de lo que se requiere para llegar a eso, ilumina mi tránsito y me ayuda a ir paso a paso, concretándolo UN DÍA A LA VEZ.

Es indescriptible la sensación de satisfacción y bienestar que genera estar cumpliendo mi hoja de ruta, desde las cosas más pequeñas y simples, sin atajos ni temores, con respeto por los demás y honestidad conmigo misma. En el Amor y la comprensión de mi familia en la distancia, en la compañía y el afecto de verdaderas amigas, en la lucidez y certeza de mis QUÉS.

¿Alcanzaré mi OS? Esa es la premisa y para ello estoy trabajando, pero gerencio muy bien mis expectativas y mantengo claro eso de que las certezas absolutas no existen, lo cual -a la vez- me ayuda a ser constante en mi esfuerzo cotidiano.

A veces es duro, requiere mucho enfoque para mantener el rumbo y también precisa de algunas renuncias. Sin embargo, al menos para mí, disfrutar de la experiencia día a día, con "esa" sensación -consistente y duradera- de que conozco mis propias coordenadas, supera cualquier promesa de "paraíso en el más allá". Es la tierra prometida, dentro de mí, AQUÍ Y AHORA.