"Quedarse sentado contemplando cómo gira el mundo no es modo de alcanzar la satisfacción. En realidad, es una manera extremadamente eficaz de conseguir la insatisfacción".
(La cosa N° 10, Ernie Zelinski. 101 cosas que ya sabes pero que siempre olvidas)
Procrastinar // (Del lat. procrastinare). 1. tr. Diferir, aplazar
La procrastinación es la acción de procrastinar, es decir, de postergar actividades o situaciones consideradas hostiles por situaciones más agradables. Este término proviene del latín pro- (adelante) y crastinus (relacionado con el mañana).
La procrastinación tiene su raíz en la asociación de la acción a realizar con el dolor y la incomodidad (estrés). Éste puede ser físico (como el sentido durante actos que requieren trabajo fuerte o ejercicio vigoroso) o psicológico (en la forma de ansiedad o frustración). El acto que se procrastina puede ser percibido como peligroso, abrumador, difícil, tedioso o aburrido, es decir, estresante. La procrastinación también puede ser un síntoma de algún desorden psicológico, como depresión o TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad).
Se ha demostrado que la costumbre de procrastinar puede llevar a una dependencia de Internet o de las computadoras. En estos casos, el individuo tiene la compulsión de aislarse de la realidad navegando por Internet.
Un famoso refrán que combate la procrastinación es el de "no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy". En el mundo anglosajón se dice que "la procrastinación es el ladrón del tiempo". También podría decirse que la procrastinación es el ladrón del deseo.
Si, como yo, recién estás descubriendo esta palabra, seguramente la acción en si misma puede resultar bastante familiar (benditos los afortunados a quienes no). La verdad es que hay tantos y tantos asuntos susceptibles de ese proceso: una tesis de grado, aquel libro se quiere escribir o leer, comenzar a hacer ejercicio o dieta, hacer la compra (ir al super) un sábado en la mañana, "esa" conversación/decisión, dejar un trabajo que no soportas (o comenzar a buscar uno "seriamente") etc...
Desde lo más pequeño hasta lo más grande se puede procrastinar. Y mientras más compleja e importante para nuestro futuro es la tarea, más tendemos a procrastinarla. Por temor, inseguridad o, simplemente, porque nos resulta complicado abordarla y en lo inmediato resulta mejor apartarla de la vista y del pensamiento... claro, si se puede.
En lo personal, hoy en día ya no pienso tanto en lo que pude haber procrastinado en mi vida. Simplemente intento no hacerlo más, a menos a conciencia. Y, aunque con el pasado ya nada se puede hacer, sin pasiones ni angustias, me permito hacer una evaluación retrospectiva para asumir mi responsabilidad en cada hecho y aceptar que SIEMPRE hay algo que puede llevarnos a decir: "pero si estaba clarísimo", "debí haberlo hecho" o, peor aún, preguntarnos: "¿Por qué no lo hice?"
Y es aquí donde viene mi reflexión: lo que aplazamos, normalmente se nos devuelve, agobia, "aparece de noche". Es como esa factura que no hemos pagado con la cual soñamos... que nos persigue, ataca y devora en la noche danzando con nuestro monstrico interno correspondiente, saliendo de nuestras propias entrañas para hacer fiesta de nervios y tormentos.
Todos hemos procrastinado algo alguna vez. La tentación es muy grande: es demasiada comodidad. Sí, al principio... pero luego se convierte en una tortura, dependiendo de la magnitud de la tarea. Mientras más importante es, más la postergamos. .. Mientras más la postergamos, más crece. .. Y, entonces, es un círculo vicioso mortal para nuestra tranquilidad.
No procrastinar es cuestión de proponérselo, pero eso sí, con fiereza, determinación y fuerza. Que tampoco es tarea fácil, eso está claro. Sólo cada uno sabe cuántas facturas le salen de noche, sólo cada uno siente el dolor de sus propios sueños no cumplidos, sólo cada uno busca y rebusca en su interior razones para justificar el propio letargo.
¿Fácil? No, para nada... ¿pero quién dijo que lo importante es fácil? ¿Es fácil intentar ser feliz? Para nada... pero si uno además se complica más procrastinando, entonces el autosaboteo se magnifica a niveles inimaginables. Es de humanos procrastinar, y si uno es venezolano (como yo), ya es algo cultural, pero con quien uno vive 24 x 7 es con uno mismo y las consecuencias de retrasar decisiones siempre regresan a nosotros y, frecuentemente, de la peor manera. ¿Riesgos? Muchos... pero hay que medirlos y ver si vale la pena asumirlos. Vivir es una tarea ardua, postergar es fácil... Tomar decisiones y actuar es lo difícil.
Como dijo uno por ahí: "la vida es dura.... sí... ¿pero comparada con qué?"
(Original escrito en julio de 2007)
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