sábado, 29 de mayo de 2010

La Teoría de los Monstricos internos


"No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones". Jorge Bucay, terapeuta y escritor

Todos guardamos en nuestro interior fantasmas, inseguridades, temores (ciertos o infundados) y una que otra falsa creencia.

Cuando no sabemos que existen, qué son y cómo pueden afectar nuestras relaciones con los demás, estos asuntos pueden convertirse en monstruos que atacan al mundo exterior inesperadamente, sin que uno se de cuenta. Hacen desastres y luego tiene que salir EL OTRO YO, ese sereno y calmado que uno quisiera que imperara siempre, a resolver la torta que puso NUESTRO MONSTRICO INTERNO.

Yo, particularmente (Tauro/Leo al fin y al cabo, llena de contradicciones), tengo varios monstricos: impaciente, impulsiva, posesiva, con afán de control, exigente hasta el límite, temática (alguna que otra tendencia a quedarme pegada cuando quiero resolver algo), inquieta, intolerante con algunas cosillas, inconstante con otras, perdono pero no olvido... En fin... que para todos los gustos hay. Cada quien tiene sus propios monstruos.

La gran diferencia entre lo que uno carga en el morral y los monstruos es que el morral se va llenando con la experiencia, con lo malo y lo bueno que le pasa a uno cosas que, de alguna forma, uno va recogiendo en el camino. Los monstricos son internos... a veces no sabemos ni que están allí. O, sencillamente, no queremos saberlo.

¿De qué sirve saber qué tipo de monstruos tenemos? Bueno, para hacernos conscientes cuándo se escapan y vienen a dañar el panorama. Un panorama que luego es complicadísimo restaurar, porque los daños a terceros siempre quedan en el ambiente. Y uno vive con la gente, al fin y al cabo... que puede ser molesta, desagradable y tiene sus monstruos particulares, pero que también puede ser divertida, entretenida e interesante.

Siempre viene bien revisar si las energías que se reciben desde afuera no son buenas. TODOS tenemos monstruos que nos dominan a veces y en sus paseos sorpresivos por el mundo exterior pueden echar a perder el momento, la relación y hasta la vida. Generan depresión y desordenan aquel segmento del morral que se vea afectado por sus acciones.

Yo, en lo particular y afortunadamente, cada día tengo menos puntos de honor. Intento no desesperarme con tonterías, no alterarme por lo que yo creo que son necedades de otros, reírme de cosas que antes me podían enardecer. En síntesis, intento simplificar mi vida cada día un poco más.

Sigo teniendo unos temazos... unas rutinas que ya veré cómo manejar cuando sea necesario. Pero ya sé que mis monstricos están allí, los tengo más o menos identificados y cuando amenazan con salir, veo bien cuál es el riesgo y si los dejo o no. Es muy fácil distraerse y dejar que se apoderen de tí... demasiado fácil. Lo difícil es estar consciente y controlarlos cuando sea meritorio.

Hay monstruos a cuyo libre albedrío ya me resigné: el monstruo que aparece cuando espero en una cola (desde que vine a España debo decir que se ha aplacado considerablemente), ni hablar el de las cosas que busco y no aparecen, el de la gente que se complica la vida de manera sistemática, autogestionada y consistente, entre otros. Con esos ya no puedo hacer mucho. ¿La ventaja? Que no friego a nadie con esos monstruos... que me friego yo sola y ahí me toca ver cómo resuelvo...

Nadie tiene que respirar por uno, nadie tiene que mamarse nuestros monstruos. Es nuestra propia responsabilidad manejarlos a pulso. Eso sí, tampoco se debe permitir que los monstruos de los demás nos atormenten la vida. Si es alguien que nos importa (y a quien nosotros le importamos), podemos intentar ayudarles a identificar sus monstruos y combatirlos juntos. Y si la persona es más lo que nos perjudica que nos beneficia emocionalmente ¿entonces porque seguir teniéndola cerca? En muchas ocasiones, y en línea con la Teoría del Morral, compensa más simplemente liberarse de ese “peso”.

Si nosotros mismos no hacemos el compromiso y el esfuerzo, nadie nos va a salvar de nuestros monstruos. Esa es una de las pocas certezas de todo este proceso.


(Original escrito en julio de 2007)

martes, 25 de mayo de 2010

La teoría del morral (mochila)


"Cada día es un buen momento para librarse de aquellas cosas que ya no necesitas y que sigues teniendo sin un buen motivo. Has algo todos los días para que tu vida sea menos complicada". (La cosa N° 5, Ernie Zelinski. 101 cosas que ya sabes pero que siempre olvidas)


Todos los seres humanos tenemos nuestras cargas. Pesadas más, pesadas menos... todos andamos por la vida con un peso: experiencias, complejos, rollos personales y de pareja, familiares... En fin. Una carga emocional determinada.

Cuando uno está más joven esa carga tiende a ser liviana. Se tienen menos problemas, responsabilidades, menos fracasos, menos conflictos. Esas cargas caben en un koala (marsupio, riñonera). Pero a medida en que uno va creciendo y se va haciendo adulto estas cargas comienzan a ser más y más... Se suman las relaciones amorosas, las laborales, los amigos, las necesidades y conflictos internos. Entonces, llega un momento en el que uno tiene que tener un morral (mochila).

Esta teoría ha sido desarrollada sobre la base de que un morral (tamaño standard, no los de excursionismo) tiene las medidas justas para que uno pueda organizar sus cargas. Debe tener los compartimientos básicos: Pareja, Salud, Familia, Amigos/as, Vida social, Trabajo y Yo y mis propios rollos mentales (que casi siempre termina siendo el compartimiento más grande). Los compartimientos pueden ser variables, dependiendo de la persona. Cada quien hace su propia distribución. Hay que tomar en cuenta que los hijos no van en este morral. Sencillamente no caben. Ese es caso aparte.

El objetivo con ese morral es mantenerlo ordenadito, cada cosa en su sitio y no permitir que sobrepase el peso que uno puede cargar. Porque allí es donde vienen los verdaderos problemas: cuando una anda por la vida con el morral desordenado.

El morral no puede ser demasiado pesado ni estar desordenado ni tener ningún compartimiento vacío. Cualquiera de estas tres cosas genera un desequilibrio. Por eso es que una tiene que estar siempre pendiente de su morral, para tomar medidas a tiempo cuando uno de los departamentos amenace con afectar al resto.

Otro asunto a tener en cuenta es el hecho de asumir cargas ajenas. No, no y no. Cada quien debe cargar su propio morralito. Uno tiende a meterse en los peos de los demás, tratar de resolverlos, se involucra, se angustia, se estresa. ¿Para qué? Si al final la gente termina haciendo igual lo que le viene en ganas. ¿Entonces? Pues no puede uno permitir que le metan en su morral vainas de otros. Ya bastante cuesta mantener el morral propio con un peso adecuado.

Las consecuencias de no estar pendiente uno de su morral pueden ir desde un simple conato de desorden que, atacado oportunamente, no debe pasar de una gran rabieta; hasta la acumulación de cosas que terminan pesando más de lo que uno puede cargar y a esto lo llaman depresión. Lo que se debe evitar, por sobre todas las cosas, es el momento en que el morral termine no siendo suficiente y uno tenga que andar por la vida con una maleta.

Cuando uno se acepta con una maleta difícilmente hay vuelta atrás. Se pasa la vida estresado, amargado, triste, deprimido... porque la maleta a veces no tiene ni rueditas. Entonces pesa más. Normalmente las maletas son todas desordenadas, aunque hay unos pocos que pueden, milagrosamente, mantenerla en un estado aceptable. Pero sólo algunos compartimientos. En un espacio tan grande caben demasiadas cosas y, normalmente, tienden a mezclarse, rodarse... en fin. Eso termina siendo un gran desastre. Por eso es preferible mantenerse dentro de los parámetros del morral.

Mi morral está ahora con un orden manejable, muy manejable. Gracias a la experiencia y a la terapia puedo decir hoy que, aunque con unos compartimientos aún por llenar, puedo llevar mi morral tranquilamente.

A veces se me desordena, pero tomo medidas inmediatas y todo vuelve a la normalidad. De eso se trata. De no permitir que nadie te desordene el morral, que nadie te lo cargue demás y de que si alguna de las dos cosas ocurre, tener la suficiente fuerza de voluntad y entereza para abrir el morral y poner orden. Aunque cueste revisar lo que tiene adentro.

Nadie debe andar con el morral de otro. Cada persona debe ser responsable de su propio morral. Cada ser humano debe asumir sus propias cargas. Pesen lo que pesen.

(Original escrito en febrero de 2007)

sábado, 22 de mayo de 2010

Terapia 2.7. Sesión -1.

Cuando Karina, amiga y promotora número uno de este blog, me dijo que debía escribir un “saludo a mis lectores” lo primero que me pasó por la cabeza fue: ¿cuáles lectores? ¿para decirles qué?

La verdad es que suelo ser poco solemne (y bastante directa para ser sincera), quienes me conocen lo saben y quienes no y se animen a acompañarme en esta aventura terapéutico-creativa, lo irán constatando.

Tal vez lo primero que debo explicar es el origen del nombre “Tránsitos propios y ajenos”. Debo decir que este blog nace inspirado en mi propia experiencia (vaya novedad jejeje) y en la intensa necesidad que tengo de compartir con otros seres humanos los resultados de esa búsqueda interna, constante y continua que muchos tenemos, otros quieren comenzar y una lamentable mayoría ni siquiera se plantea.

Mi búsqueda particular comenzó hace algunos años. Una fantasía romántica destruida, desembocó en un gran sufrimiento emocional que en alguna parte de aquel proceso decidí que no sería inútil. Me dije a mi misma que tanto dolor, independientemente de su origen, debía producir un cambio, dar paso a algo distinto dentro de mí.

No lo llamo “relación” porque realmente se trataba de una ilusión que yo misma había creado EN MI MENTE y que había puesto en marcha EN EL MUNDO REAL una cantidad de acciones que luego me di cuenta que habían sido desproporcionadas y absurdas. Hoy en día miro para atrás y sólo puedo sentir agradecimiento porque aquel acontecimiento me hizo crecer.

Comencé con la terapia psicoanalítica, luego lecturas sobre desarrollo personal, psicología, neurociencia, astrología, filosofía, metafísica... y mucha observación... de mi misma, de los demás. Todo lo que me parecía interesante y útil para superar y aprender era bienvenido.

Hoy puedo decir con satisfacción que soy otra. En esencia la misma, pero me conozco mejor, me intuyo más rápido, me presiento, me detengo a observarme e interpretarme. Soy capaz hoy en día de asumir mis propios pensamientos obsesivos como objetos de estudio y no como entes perturbadores que generan ansiedad interminable.

Todavía me dan “mis ataques”, como llamo a esos espasmos emocionales que nos amenazan, se apoderan ocasionalmente de nosotros y que tienen la posibilidad de tomar el control de nuestras vidas si se los permitimos, si nos vamos de la mano (y de la cabeza) con ellos. Yo he decidido que no.

He decidido tomar consciencia. Entender que mis pensamientos pueden tener vida propia, construir mentiras y que soy en el mundo real mucho más (o mucho menos). Y ese es mi foco. Crecer, centrarme en mi objetivo más grande: ESTAR TRANQUILA Y SER FELIZ, que pasa –y eso lo he descubierto poco a poco – por concentrarme en la energía derivada del amor y en basarme en esa energía para vivir... UN DÍA A LA VEZ.

En fin, sólo quiero con este blog compartir mis tránsitos (terrenales y planetarios), y que quienes lo deseen, compartan también los suyos... No hay energía más pura que el amor, no hay mejor aprendizaje que aquel que es motor de acción y de nada sirve lo aprendido si no es compartido con otros.

Bienvenidos y gracias por pasarse por aquí...