
"No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones". Jorge Bucay, terapeuta y escritor
Todos guardamos en nuestro interior fantasmas, inseguridades, temores (ciertos o infundados) y una que otra falsa creencia.
Cuando no sabemos que existen, qué son y cómo pueden afectar nuestras relaciones con los demás, estos asuntos pueden convertirse en monstruos que atacan al mundo exterior inesperadamente, sin que uno se de cuenta. Hacen desastres y luego tiene que salir EL OTRO YO, ese sereno y calmado que uno quisiera que imperara siempre, a resolver la torta que puso NUESTRO MONSTRICO INTERNO.
Yo, particularmente (Tauro/Leo al fin y al cabo, llena de contradicciones), tengo varios monstricos: impaciente, impulsiva, posesiva, con afán de control, exigente hasta el límite, temática (alguna que otra tendencia a quedarme pegada cuando quiero resolver algo), inquieta, intolerante con algunas cosillas, inconstante con otras, perdono pero no olvido... En fin... que para todos los gustos hay. Cada quien tiene sus propios monstruos.
La gran diferencia entre lo que uno carga en el morral y los monstruos es que el morral se va llenando con la experiencia, con lo malo y lo bueno que le pasa a uno cosas que, de alguna forma, uno va recogiendo en el camino. Los monstricos son internos... a veces no sabemos ni que están allí. O, sencillamente, no queremos saberlo.
¿De qué sirve saber qué tipo de monstruos tenemos? Bueno, para hacernos conscientes cuándo se escapan y vienen a dañar el panorama. Un panorama que luego es complicadísimo restaurar, porque los daños a terceros siempre quedan en el ambiente. Y uno vive con la gente, al fin y al cabo... que puede ser molesta, desagradable y tiene sus monstruos particulares, pero que también puede ser divertida, entretenida e interesante.
Siempre viene bien revisar si las energías que se reciben desde afuera no son buenas. TODOS tenemos monstruos que nos dominan a veces y en sus paseos sorpresivos por el mundo exterior pueden echar a perder el momento, la relación y hasta la vida. Generan depresión y desordenan aquel segmento del morral que se vea afectado por sus acciones.
Yo, en lo particular y afortunadamente, cada día tengo menos puntos de honor. Intento no desesperarme con tonterías, no alterarme por lo que yo creo que son necedades de otros, reírme de cosas que antes me podían enardecer. En síntesis, intento simplificar mi vida cada día un poco más.
Sigo teniendo unos temazos... unas rutinas que ya veré cómo manejar cuando sea necesario. Pero ya sé que mis monstricos están allí, los tengo más o menos identificados y cuando amenazan con salir, veo bien cuál es el riesgo y si los dejo o no. Es muy fácil distraerse y dejar que se apoderen de tí... demasiado fácil. Lo difícil es estar consciente y controlarlos cuando sea meritorio.
Hay monstruos a cuyo libre albedrío ya me resigné: el monstruo que aparece cuando espero en una cola (desde que vine a España debo decir que se ha aplacado considerablemente), ni hablar el de las cosas que busco y no aparecen, el de la gente que se complica la vida de manera sistemática, autogestionada y consistente, entre otros. Con esos ya no puedo hacer mucho. ¿La ventaja? Que no friego a nadie con esos monstruos... que me friego yo sola y ahí me toca ver cómo resuelvo...
Nadie tiene que respirar por uno, nadie tiene que mamarse nuestros monstruos. Es nuestra propia responsabilidad manejarlos a pulso. Eso sí, tampoco se debe permitir que los monstruos de los demás nos atormenten la vida. Si es alguien que nos importa (y a quien nosotros le importamos), podemos intentar ayudarles a identificar sus monstruos y combatirlos juntos. Y si la persona es más lo que nos perjudica que nos beneficia emocionalmente ¿entonces porque seguir teniéndola cerca? En muchas ocasiones, y en línea con la Teoría del Morral, compensa más simplemente liberarse de ese “peso”.
Si nosotros mismos no hacemos el compromiso y el esfuerzo, nadie nos va a salvar de nuestros monstruos. Esa es una de las pocas certezas de todo este proceso.
(Original escrito en julio de 2007)
Excelente análisis, ... Conocer los monstruos, no descuidar el morral. :) Me gusta mucho tu blog.
ResponderEliminarYaja... me gusta que te guste, pero más me gusta si te es útil en tu propio tránsito hacia el Objetivo Superior (tu propio QUÉ). Un abrazo fuerte.
ResponderEliminarExcelente prima. Lo importante es poder identificar nuestros monstruos, trabajar para poder controlarlos y que ellos no dirijan nuestras vidas. besos =)
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