domingo, 4 de julio de 2010

Afán de control... y otros estragos


"Para utilizar un ordenador no tiene necesidad de entenderlo; para utilizar la electricidad no necesita entenderla y para conducir un automóvil no necesita comprender qué es lo que hace funcionar su motor. De un modo similar, no es necesario comprender la vida para vivirla a fondo. Cuando sea consciente de ello y se limite a disfrutar la vida por lo que es, verá que no necesita comprenderla". (La cosa N° 1, Ernie Zelinski. 101 cosas que ya sabes pero que siempre olvidas)

Ya dije en el post de los monstritos internos que uno de los míos es el control. Ahora voy a entrar en confidencias: tengo un pésimo manejo de la incertidumbre. No soy buena para improvisar, a menos que sea para resolver asuntos de trabajo. Del resto me llevo mejor con listas, planificaciones y hojas de excel.

Todo esto, por supuesto, me ha llevado en ocasiones a pasar por momentos muy duros porque es simplemente imposible tener el control de todo. Mucho menos cuando en decisiones y acciones están involucradas otras personas que también imprimen su propia energía al proceso.

En lo particular, siento que en los últimos años he mejorado mucho en esto. Sobre todo en lo relacionado con los asuntos de trabajo. Soy muy exigente conmigo misma y suelo trasladar esa filosofía a quienes comparten proyectos laborales conmigo... no siempre con éxito.

En las últimas semanas una vorágine me puso en la circunstancia de trabajar con muchas personas. De diferentes nacionalidades, profesiones... una compleja madeja de formas de ser y pensar que a veces amenazaba con tormentas.

Lo confieso, estuve a punto de perder la calma en varias ocasiones. La serenidad seguro que sufrió lo suyo, pero pude constatar que he crecido. Sigo siendo exigente, eso no cambiará, pero en pleno apogeo y movidas varias, sentí genuinamente en el fondo de mi cuerpo y de mi alma cómo
FLUIR es ahora algo consustanciado conmigo misma. Y por eso estoy más que agradecida.

Todavía me queda tarea pendiente. En lo personal no me es tan fácil. Exponer los sentimientos y compartirlos con otras personas es una forma de hacerse vulnerable. Cuando sentimos algo (cariño, afecto, amor, consideración) por otra persona, es más fácil bajar la guardia. Y a veces la falta de reciprocidad en el proceso es motivo de ansiedad y dolor. También lo es el afán de controlarlo todo.

Estoy viviendo actualmente una etapa maravillosa. En un país en el que me he adaptado perfectamente, con un trabajo que me gusta, respeto y en el que me siento motivada; gente maravillosa, nueva y de siempre con la que compartir en armonía momentos hermosos; y la posibilidad de construir nuevas cosas sobre la base del amor, la comprensión y la tolerancia.

Cada día aprendo un poco y voy asumiendo progresivamente como parte de mi sistema vital que, aunque si que es fundamental el orden en la vida (y en esto no negocio) no es necesario controlarlo todo para ser feliz. En eso estoy. Y se siente muy bien... Un día a la vez.

"Si te enteras de lo que sabe el mago... deja de ser magia"
Illusions. Richard Bach (Oak Park, Illinois, 23Jun1936)

martes, 22 de junio de 2010

Mis momentos felices


"Acepte el hecho de que si ha estado buscando la felicidad y ha acabado con las manos vacías, es que ha estado buscando en lugares equivocados. Preste más atención... a la felicidad no le importa nada cómo ha llegado usted a ella. Ni siquiera le importa si ha llegado. Sea usted blanco o negro, hombre o mujer, analfabeto o muy educado, soltero o casado, alto o bajo, rico o pobre, la felicidad le deja encargado de llegar a ella... o no". (La cosa N° 4, Ernie Zelinski. 101 cosas que ya sabes pero que siempre olvidas)

Por diversas razones y circunstancias he estado en estos días reflexionando mucho acerca de lo que llamo "momentos felices". Ya he comentado en otro post que para mí la felicidad, así... en términos absolutos... totales... holísticos... sencillamente NO EXISTE. Para mí el fundamento y la esencia de nuestro tránsito vital son los momentos felices. Instantes, detalles... esas -tan mencionadas- "cosas pequeñas" que en muchas ocasiones obviamos o damos por seguras, que tal vez no valoramos... Esas que, sencillamente, no nos permitimos disfrutar.

Parto de la premisa de que la vida conlleva, de manera intrínseca, grandes dosis de esfuerzo, dolor, sufrimiento... en casos más, en otros menos... pero, en resumen, la vida puede llegar a ser muy dura. En algunos casos ese dolor es autoinfligido (malas decisiones sobre situaciones o personas) pero en muchos otros es sobrevenido. Sea cual sea su origen, el dolor está consustanciado con la vida.

¿Entonces qué queda? Nos queda el libre albredío y de éste deriva la responsabilidad, el compromiso, EL DEBER de procurarnos "momentos felices", de identificar, aprovechar, buscar y defender aquellos espacios o relaciones que realmente aportan a nuestra vida ese halo de serenidad y satisfacción por estar AQUÍ Y AHORA.

No se trata de esa euforia desmedida, espasmódica y descontrolada que algunos confunden con "FELICIDAD" (así... en mayúsculas, y que en lo personal considero síntoma de algún desequilibrio emocional). Se trata de aprender a fluir en el camino y aprovechar cada instante que tenemos para agradecer las experiencias, el aprendizaje y, sobre todo, el Amor. Más allá de eso... poco... o nada. Más allá de eso, para mí, fantasía, inestabilidad y dependencia. ¿De qué? De cosas/personas que no podemos tener... de lo que no podemos controlar.... De películas mal montadas en nuestras cabezas y que nos llevan, sin remedio, a una montaña rusa que va normalmente de esa euforia desmedida a la frustración por no tenerla más.

Sé que no estoy descubriendo el agua tibia, que no digo nada nuevo. Sale en los libros. Se hacen películas. Pero es que hechos concretos recientes me han llevado a pensar con mucha intensidad cómo algunas personas (yo no, yo me dejé de eso) pierden tanto tiempo quejándose, castigándose, buscándose problemas o dejándose vencer por el miedo, viviendo temerosas y paralizadas.

Lo momentos felices pasan por la firme decisión de asumir el compromiso de aprender a SENTIR aquello que sólo se alimenta en el alma... Aprender a disfrutar "más allá de lo obvio"... y perseguir esa emoción sublime con ferocidad.

De verdad me sorprende cómo algunas personas a mi alrededor lejos de hacerse cómplices y responsables de sus propios momentos felices se empeñan en apostar por el autocastigo, la ansiedad y los placeres efímeros.... Sencillamente no lo entiendo.

"Ella dice que la gente acaba por lo general sintiéndose desgraciada, nada más que por haber creído que la felicidad era una permanente sensación de indefinible bienestar, de gozoso éxtasis, de festival perpetuo. No, dice ella, la felicidad es bastante menos (o quizás bastante más, pero de todos modos otra cosa) y es seguro que muchos de esos presuntos desgraciados son en realidad felices, pero no se dan cuenta, no lo admiten, porque ellos creen que están muy lejos del máximo bienestar".
La Tregua. Mario Benedetti (
Uruguay, 14Sept1920 – 17May2009)

sábado, 12 de junio de 2010

Acerca de procrastinar... (y esas cuentas pendientes)


"Quedarse sentado contemplando cómo gira el mundo no es modo de alcanzar la satisfacción. En realidad, es una manera extremadamente eficaz de conseguir la insatisfacción".
(La cosa N° 10, Ernie Zelinski. 101 cosas que ya sabes pero que siempre olvidas)


Procrastinar // (Del lat. procrastinare). 1. tr. Diferir, aplazar

La procrastinación es la acción de procrastinar, es decir, de postergar actividades o situaciones consideradas hostiles por situaciones más agradables. Este término proviene del latín pro- (adelante) y crastinus (relacionado con el mañana).

La procrastinación tiene su raíz en la asociación de la acción a realizar con el dolor y la incomodidad (estrés). Éste puede ser físico (como el sentido durante actos que requieren trabajo fuerte o ejercicio vigoroso) o psicológico (en la forma de ansiedad o frustración). El acto que se procrastina puede ser percibido como peligroso, abrumador, difícil, tedioso o aburrido, es decir, estresante. La procrastinación también puede ser un síntoma de algún desorden psicológico, como depresión o TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad).

Se ha demostrado que la costumbre de procrastinar puede llevar a una dependencia de Internet o de las computadoras. En estos casos, el individuo tiene la compulsión de aislarse de la realidad navegando por Internet.

Un famoso refrán que combate la procrastinación es el de "no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy". En el mundo anglosajón se dice que "la procrastinación es el ladrón del tiempo". También podría decirse que la procrastinación es el ladrón del deseo.


Si, como yo, recién estás descubriendo esta palabra, seguramente la acción en si misma puede resultar bastante familiar (benditos los afortunados a quienes no). La verdad es que hay tantos y tantos asuntos susceptibles de ese proceso: una tesis de grado, aquel libro se quiere escribir o leer, comenzar a hacer ejercicio o dieta, hacer la compra (ir al super) un sábado en la mañana, "esa" conversación/decisión, dejar un trabajo que no soportas (o comenzar a buscar uno "seriamente") etc...

Desde lo más pequeño hasta lo más grande se puede procrastinar. Y mientras más compleja e importante para nuestro futuro es la tarea, más tendemos a procrastinarla. Por temor, inseguridad o, simplemente, porque nos resulta complicado abordarla y en lo inmediato resulta mejor apartarla de la vista y del pensamiento... claro, si se puede.

En lo personal, hoy en día ya no pienso tanto en lo que pude haber procrastinado en mi vida. Simplemente intento no hacerlo más, a menos a conciencia. Y, aunque con el pasado ya nada se puede hacer, sin pasiones ni angustias, me permito hacer una evaluación retrospectiva para asumir mi responsabilidad en cada hecho y aceptar que SIEMPRE hay algo que puede llevarnos a decir: "pero si estaba clarísimo", "debí haberlo hecho" o, peor aún, preguntarnos: "¿Por qué no lo hice?"

Y es aquí donde viene mi reflexión: lo que aplazamos, normalmente se nos devuelve, agobia, "aparece de noche". Es como esa factura que no hemos pagado con la cual soñamos... que nos persigue, ataca y devora en la noche danzando con nuestro monstrico interno correspondiente, saliendo de nuestras propias entrañas para hacer fiesta de nervios y tormentos.

Todos hemos procrastinado algo alguna vez. La tentación es muy grande: es demasiada comodidad. Sí, al principio... pero luego se convierte en una tortura, dependiendo de la magnitud de la tarea. Mientras más importante es, más la postergamos. .. Mientras más la postergamos, más crece. .. Y, entonces, es un círculo vicioso mortal para nuestra tranquilidad.

No procrastinar es cuestión de proponérselo, pero eso sí, con fiereza, determinación y fuerza. Que tampoco es tarea fácil, eso está claro. Sólo cada uno sabe cuántas facturas le salen de noche, sólo cada uno siente el dolor de sus propios sueños no cumplidos, sólo cada uno busca y rebusca en su interior razones para justificar el propio letargo.

¿Fácil? No, para nada... ¿pero quién dijo que lo importante es fácil? ¿Es fácil intentar ser feliz? Para nada... pero si uno además se complica más procrastinando, entonces el autosaboteo se magnifica a niveles inimaginables. Es de humanos procrastinar, y si uno es venezolano (como yo), ya es algo cultural, pero con quien uno vive 24 x 7 es con uno mismo y las consecuencias de retrasar decisiones siempre regresan a nosotros y, frecuentemente, de la peor manera. ¿Riesgos? Muchos... pero hay que medirlos y ver si vale la pena asumirlos. Vivir es una tarea ardua, postergar es fácil... Tomar decisiones y actuar es lo difícil.

Como dijo uno por ahí: "la vida es dura.... sí... ¿pero comparada con qué?"

(Original escrito en julio de 2007)

viernes, 4 de junio de 2010

La Teoría del Objetivo Superior

"El propósito de tu vida debe ser una vocación que te salga del alma; ha de ser tu esencia y razón de ser. Tu misión personal es el motivo por el cual has venido a este mundo". (La cosa N° 25, Ernie Zelinski. 101 cosas que ya sabes pero que siempre olvidas)

Esta es la más reciente (no sé si la última) de las tres "teorías" que constituyen eje y guía de mi tránsito. Ya he hablado del "Morral" y "los Monstricos Internos"... En esta ocasión quiero compartir la Teoría del Objetivo Superior (OS).

Esta teoría nace de la necesidad de atender y superar una sensación de vacío existencial que se potenció en mi hace varios años. Una especie de "vocecita" (más bien un no-sé-qué) que me hacía preguntas del tipo: "¿y para qué estoy yo aquí?" (¿dónde? En la vida, ni más ni menos)

Entiendo que es una interrogante compleja, que a algunos consume, aunque otros banalizan y unos cuantos tal vez ni se hacen... Pero bueno ¿qué decir? A mi me tocó.

A partir de ese momento comencé a entender que tenía que lograr que mis acciones trascendieran lo cotidiano. Necesitaba marcarme algún horizonte concreto, superior y así evitar que la vida se tradujera en una simple transacción, en una fase "intermedia" entre mi nacimiento y la llegada de lo que algunas concepciones religiosas llaman "el paraíso". Me negaba a esperar sentada que se cumpliera aquello de que "lo mejor está en el más allá". ¿Y eso dónde queda? Y mientras tanto... ¿QUÉ?

Justamente porque concibo la vida como un tránsito, tengo la convicción de que tenemos un compromiso (con nosotros mismos) de hacer de ese tránsito lo más pleno y grato posible además de darle algún sentido, alguna dirección.

Es allí donde surge el Objetivo Superior.

A mi entender el trayecto hasta el OS puede ser (de hecho, ES) distinto para cada persona, sin embargo, hay un elemento común para todos. Es el "QUÉ Supremo", aquello que nos llena de energía nada más de pensarlo, "eso" que llena nuestros sueños, produce sonrisas sentidas y emoción "desde el alma" cuando se menciona o mientras se trabaja para lograrlo. Es aquello que, en resumen, tiene el potencial de proporcionarnos una mayor cantidad y calidad de "MOMENTOS FELICES".

Acoto que hablo de "momentos felices" y no de "Felicidad" porque ésta, así, en sentido holístico y absoluto, a mi juicio no existe. La vida no es un camino fácil y plantea a todos –a algunos más y a otros menos- procesos duros, obstáculos, tristezas y dolor. Pero, es lo que hay. Una dosis “adecuada” de dolor y sufrimiento son parte intrínseca de la existencia humana, ayuda a forjar carácter y jerarquizar decisiones, siempre que sea asumido de una forma saludable. Esto es otro tema.

El Objetivo Superior es, para mi: SER FELIZ Y ESTAR TRANQUILA. Y todos aquellos "qués" (y quiénes) que contribuyan y aporten a eso serán bienvenidos, de lo contrario, descartados sin misericordia, siempre partiendo de la premisa que Ser Feliz y Estar Tranquila, pasa necesariamente por ser buena persona y no hacer daño a otros de manera consciente.

En ocasiones hay actividades, tareas o personas, que "debemos" hacer o tener cerca (por motivos familiares, laborales, por ejemplo). Con eso hay que gestionar. Sin embargo, aquellas actividades, tareas o personas que no son obligantes y además atentan contra el OS ¿qué sentido tiene mantenerlas?

Para tomar decisiones y seguir livianos en nuestro tránsito, vale la pena preguntarse algunas veces: ¿qué tanto aporta esto (la actividad, tarea o persona) a mi OS? Y tal vez pueda haber mayor claridad en la decisión.

Se trata, una vez más, de ponerse práctico. Ya de por sí la vida implica una constante toma de decisiones y a veces no precisamente fáciles; entonces, si además carecemos de un "horizonte" más o menos definido, se corre el riesgo de andar dando tumbos interminables y con ello hacer uno mismo que nuestro camino se haga más irregular, doloroso y difícil de lo que ya es por naturaleza. En pocas palabras: hacermos infelices a pulso propio.

El compromiso es identificar los "qué" que nos pueden conducir al OS. Eso no siempre es fácil. Puede implicar cambiar de trabajo, estudiar una nueva carrera, abandonar una relación problemática, salir de nuestro país o dejar de lado a esa "amiga de toda la vida" que lo único que hace es cuestionarnos y angustiarnos. También puede pasar por la necesidad de tener más paciencia con el jefe (porque nuestro salario en ESE trabajo nos ayuda "en tiempo presente" en el tránsito a nuestro OS) o postergar algún viaje que luce irresistible porque coincide con las fechas de una formación en "equis" cosa que suma a nuestro OS.

Se trata de HACERLO, con una perspectiva amplia, elevada, superior y dejando de lado el "cortoplacismo" y el facilismo. Insisto, se requiere valentía y decisión. Se trata de pisar tierra y sincerarse con uno mismo.

Por si puede resultar útil, comparto lo que en mi propio tránsito, y en la identificación de mi OS, ha sido especialmente relevante. En concreto: un momento, una acción y una actitud.

El momento, julio 2007 cuando dejé el último trabajo en Venezuela y decidí que debía salir un tiempo de mi país.

La acción: hacer en ese mismo momento (con papel y lápiz) un cuadro de tres columnas: 1) Cosas que me gusta hacer sin que me paguen 2) Cosas que me gusta hacer y por las cuales me podrían pagar y 3) Cosas que no me gusta hacer ni que me paguen. Con el cruce de las dos primeras columnas, decidí cambiar mi rumbo profesional.

La actitud: a partir de allí, firmeza, coherencia y compromiso con mi QUÉ. Siempre recuerdo aquel "cuadro" y cómo esa reflexión -pragmática y emotiva a la vez- me ha llevado al punto donde estoy ahora. Cuando siento que desvío mi camino, fijo mi pensamiento en aquellos párrafos y retomo la ruta. Ha sido un proceso de aprendizaje, flexibilidad y tolerancia. He entendido, y asumido, que no puedo controlarlo todo y que tener una perspectiva de lo que puede hacerme feliz y de lo que se requiere para llegar a eso, ilumina mi tránsito y me ayuda a ir paso a paso, concretándolo UN DÍA A LA VEZ.

Es indescriptible la sensación de satisfacción y bienestar que genera estar cumpliendo mi hoja de ruta, desde las cosas más pequeñas y simples, sin atajos ni temores, con respeto por los demás y honestidad conmigo misma. En el Amor y la comprensión de mi familia en la distancia, en la compañía y el afecto de verdaderas amigas, en la lucidez y certeza de mis QUÉS.

¿Alcanzaré mi OS? Esa es la premisa y para ello estoy trabajando, pero gerencio muy bien mis expectativas y mantengo claro eso de que las certezas absolutas no existen, lo cual -a la vez- me ayuda a ser constante en mi esfuerzo cotidiano.

A veces es duro, requiere mucho enfoque para mantener el rumbo y también precisa de algunas renuncias. Sin embargo, al menos para mí, disfrutar de la experiencia día a día, con "esa" sensación -consistente y duradera- de que conozco mis propias coordenadas, supera cualquier promesa de "paraíso en el más allá". Es la tierra prometida, dentro de mí, AQUÍ Y AHORA.

sábado, 29 de mayo de 2010

La Teoría de los Monstricos internos


"No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones". Jorge Bucay, terapeuta y escritor

Todos guardamos en nuestro interior fantasmas, inseguridades, temores (ciertos o infundados) y una que otra falsa creencia.

Cuando no sabemos que existen, qué son y cómo pueden afectar nuestras relaciones con los demás, estos asuntos pueden convertirse en monstruos que atacan al mundo exterior inesperadamente, sin que uno se de cuenta. Hacen desastres y luego tiene que salir EL OTRO YO, ese sereno y calmado que uno quisiera que imperara siempre, a resolver la torta que puso NUESTRO MONSTRICO INTERNO.

Yo, particularmente (Tauro/Leo al fin y al cabo, llena de contradicciones), tengo varios monstricos: impaciente, impulsiva, posesiva, con afán de control, exigente hasta el límite, temática (alguna que otra tendencia a quedarme pegada cuando quiero resolver algo), inquieta, intolerante con algunas cosillas, inconstante con otras, perdono pero no olvido... En fin... que para todos los gustos hay. Cada quien tiene sus propios monstruos.

La gran diferencia entre lo que uno carga en el morral y los monstruos es que el morral se va llenando con la experiencia, con lo malo y lo bueno que le pasa a uno cosas que, de alguna forma, uno va recogiendo en el camino. Los monstricos son internos... a veces no sabemos ni que están allí. O, sencillamente, no queremos saberlo.

¿De qué sirve saber qué tipo de monstruos tenemos? Bueno, para hacernos conscientes cuándo se escapan y vienen a dañar el panorama. Un panorama que luego es complicadísimo restaurar, porque los daños a terceros siempre quedan en el ambiente. Y uno vive con la gente, al fin y al cabo... que puede ser molesta, desagradable y tiene sus monstruos particulares, pero que también puede ser divertida, entretenida e interesante.

Siempre viene bien revisar si las energías que se reciben desde afuera no son buenas. TODOS tenemos monstruos que nos dominan a veces y en sus paseos sorpresivos por el mundo exterior pueden echar a perder el momento, la relación y hasta la vida. Generan depresión y desordenan aquel segmento del morral que se vea afectado por sus acciones.

Yo, en lo particular y afortunadamente, cada día tengo menos puntos de honor. Intento no desesperarme con tonterías, no alterarme por lo que yo creo que son necedades de otros, reírme de cosas que antes me podían enardecer. En síntesis, intento simplificar mi vida cada día un poco más.

Sigo teniendo unos temazos... unas rutinas que ya veré cómo manejar cuando sea necesario. Pero ya sé que mis monstricos están allí, los tengo más o menos identificados y cuando amenazan con salir, veo bien cuál es el riesgo y si los dejo o no. Es muy fácil distraerse y dejar que se apoderen de tí... demasiado fácil. Lo difícil es estar consciente y controlarlos cuando sea meritorio.

Hay monstruos a cuyo libre albedrío ya me resigné: el monstruo que aparece cuando espero en una cola (desde que vine a España debo decir que se ha aplacado considerablemente), ni hablar el de las cosas que busco y no aparecen, el de la gente que se complica la vida de manera sistemática, autogestionada y consistente, entre otros. Con esos ya no puedo hacer mucho. ¿La ventaja? Que no friego a nadie con esos monstruos... que me friego yo sola y ahí me toca ver cómo resuelvo...

Nadie tiene que respirar por uno, nadie tiene que mamarse nuestros monstruos. Es nuestra propia responsabilidad manejarlos a pulso. Eso sí, tampoco se debe permitir que los monstruos de los demás nos atormenten la vida. Si es alguien que nos importa (y a quien nosotros le importamos), podemos intentar ayudarles a identificar sus monstruos y combatirlos juntos. Y si la persona es más lo que nos perjudica que nos beneficia emocionalmente ¿entonces porque seguir teniéndola cerca? En muchas ocasiones, y en línea con la Teoría del Morral, compensa más simplemente liberarse de ese “peso”.

Si nosotros mismos no hacemos el compromiso y el esfuerzo, nadie nos va a salvar de nuestros monstruos. Esa es una de las pocas certezas de todo este proceso.


(Original escrito en julio de 2007)

martes, 25 de mayo de 2010

La teoría del morral (mochila)


"Cada día es un buen momento para librarse de aquellas cosas que ya no necesitas y que sigues teniendo sin un buen motivo. Has algo todos los días para que tu vida sea menos complicada". (La cosa N° 5, Ernie Zelinski. 101 cosas que ya sabes pero que siempre olvidas)


Todos los seres humanos tenemos nuestras cargas. Pesadas más, pesadas menos... todos andamos por la vida con un peso: experiencias, complejos, rollos personales y de pareja, familiares... En fin. Una carga emocional determinada.

Cuando uno está más joven esa carga tiende a ser liviana. Se tienen menos problemas, responsabilidades, menos fracasos, menos conflictos. Esas cargas caben en un koala (marsupio, riñonera). Pero a medida en que uno va creciendo y se va haciendo adulto estas cargas comienzan a ser más y más... Se suman las relaciones amorosas, las laborales, los amigos, las necesidades y conflictos internos. Entonces, llega un momento en el que uno tiene que tener un morral (mochila).

Esta teoría ha sido desarrollada sobre la base de que un morral (tamaño standard, no los de excursionismo) tiene las medidas justas para que uno pueda organizar sus cargas. Debe tener los compartimientos básicos: Pareja, Salud, Familia, Amigos/as, Vida social, Trabajo y Yo y mis propios rollos mentales (que casi siempre termina siendo el compartimiento más grande). Los compartimientos pueden ser variables, dependiendo de la persona. Cada quien hace su propia distribución. Hay que tomar en cuenta que los hijos no van en este morral. Sencillamente no caben. Ese es caso aparte.

El objetivo con ese morral es mantenerlo ordenadito, cada cosa en su sitio y no permitir que sobrepase el peso que uno puede cargar. Porque allí es donde vienen los verdaderos problemas: cuando una anda por la vida con el morral desordenado.

El morral no puede ser demasiado pesado ni estar desordenado ni tener ningún compartimiento vacío. Cualquiera de estas tres cosas genera un desequilibrio. Por eso es que una tiene que estar siempre pendiente de su morral, para tomar medidas a tiempo cuando uno de los departamentos amenace con afectar al resto.

Otro asunto a tener en cuenta es el hecho de asumir cargas ajenas. No, no y no. Cada quien debe cargar su propio morralito. Uno tiende a meterse en los peos de los demás, tratar de resolverlos, se involucra, se angustia, se estresa. ¿Para qué? Si al final la gente termina haciendo igual lo que le viene en ganas. ¿Entonces? Pues no puede uno permitir que le metan en su morral vainas de otros. Ya bastante cuesta mantener el morral propio con un peso adecuado.

Las consecuencias de no estar pendiente uno de su morral pueden ir desde un simple conato de desorden que, atacado oportunamente, no debe pasar de una gran rabieta; hasta la acumulación de cosas que terminan pesando más de lo que uno puede cargar y a esto lo llaman depresión. Lo que se debe evitar, por sobre todas las cosas, es el momento en que el morral termine no siendo suficiente y uno tenga que andar por la vida con una maleta.

Cuando uno se acepta con una maleta difícilmente hay vuelta atrás. Se pasa la vida estresado, amargado, triste, deprimido... porque la maleta a veces no tiene ni rueditas. Entonces pesa más. Normalmente las maletas son todas desordenadas, aunque hay unos pocos que pueden, milagrosamente, mantenerla en un estado aceptable. Pero sólo algunos compartimientos. En un espacio tan grande caben demasiadas cosas y, normalmente, tienden a mezclarse, rodarse... en fin. Eso termina siendo un gran desastre. Por eso es preferible mantenerse dentro de los parámetros del morral.

Mi morral está ahora con un orden manejable, muy manejable. Gracias a la experiencia y a la terapia puedo decir hoy que, aunque con unos compartimientos aún por llenar, puedo llevar mi morral tranquilamente.

A veces se me desordena, pero tomo medidas inmediatas y todo vuelve a la normalidad. De eso se trata. De no permitir que nadie te desordene el morral, que nadie te lo cargue demás y de que si alguna de las dos cosas ocurre, tener la suficiente fuerza de voluntad y entereza para abrir el morral y poner orden. Aunque cueste revisar lo que tiene adentro.

Nadie debe andar con el morral de otro. Cada persona debe ser responsable de su propio morral. Cada ser humano debe asumir sus propias cargas. Pesen lo que pesen.

(Original escrito en febrero de 2007)

sábado, 22 de mayo de 2010

Terapia 2.7. Sesión -1.

Cuando Karina, amiga y promotora número uno de este blog, me dijo que debía escribir un “saludo a mis lectores” lo primero que me pasó por la cabeza fue: ¿cuáles lectores? ¿para decirles qué?

La verdad es que suelo ser poco solemne (y bastante directa para ser sincera), quienes me conocen lo saben y quienes no y se animen a acompañarme en esta aventura terapéutico-creativa, lo irán constatando.

Tal vez lo primero que debo explicar es el origen del nombre “Tránsitos propios y ajenos”. Debo decir que este blog nace inspirado en mi propia experiencia (vaya novedad jejeje) y en la intensa necesidad que tengo de compartir con otros seres humanos los resultados de esa búsqueda interna, constante y continua que muchos tenemos, otros quieren comenzar y una lamentable mayoría ni siquiera se plantea.

Mi búsqueda particular comenzó hace algunos años. Una fantasía romántica destruida, desembocó en un gran sufrimiento emocional que en alguna parte de aquel proceso decidí que no sería inútil. Me dije a mi misma que tanto dolor, independientemente de su origen, debía producir un cambio, dar paso a algo distinto dentro de mí.

No lo llamo “relación” porque realmente se trataba de una ilusión que yo misma había creado EN MI MENTE y que había puesto en marcha EN EL MUNDO REAL una cantidad de acciones que luego me di cuenta que habían sido desproporcionadas y absurdas. Hoy en día miro para atrás y sólo puedo sentir agradecimiento porque aquel acontecimiento me hizo crecer.

Comencé con la terapia psicoanalítica, luego lecturas sobre desarrollo personal, psicología, neurociencia, astrología, filosofía, metafísica... y mucha observación... de mi misma, de los demás. Todo lo que me parecía interesante y útil para superar y aprender era bienvenido.

Hoy puedo decir con satisfacción que soy otra. En esencia la misma, pero me conozco mejor, me intuyo más rápido, me presiento, me detengo a observarme e interpretarme. Soy capaz hoy en día de asumir mis propios pensamientos obsesivos como objetos de estudio y no como entes perturbadores que generan ansiedad interminable.

Todavía me dan “mis ataques”, como llamo a esos espasmos emocionales que nos amenazan, se apoderan ocasionalmente de nosotros y que tienen la posibilidad de tomar el control de nuestras vidas si se los permitimos, si nos vamos de la mano (y de la cabeza) con ellos. Yo he decidido que no.

He decidido tomar consciencia. Entender que mis pensamientos pueden tener vida propia, construir mentiras y que soy en el mundo real mucho más (o mucho menos). Y ese es mi foco. Crecer, centrarme en mi objetivo más grande: ESTAR TRANQUILA Y SER FELIZ, que pasa –y eso lo he descubierto poco a poco – por concentrarme en la energía derivada del amor y en basarme en esa energía para vivir... UN DÍA A LA VEZ.

En fin, sólo quiero con este blog compartir mis tránsitos (terrenales y planetarios), y que quienes lo deseen, compartan también los suyos... No hay energía más pura que el amor, no hay mejor aprendizaje que aquel que es motor de acción y de nada sirve lo aprendido si no es compartido con otros.

Bienvenidos y gracias por pasarse por aquí...